Lo que 68 aserraderos nos contaron sobre sus datos

By Marco A. Parra on Aug. 21, 2026 · 7 min read · Read this article in English

En 2019 fui primer autor del Informe Técnico N.º 223 de INFOR: una encuesta a 68 aserraderos pyme de Maule a Los Lagos sobre sus máquinas y, sobre todo, sobre cómo capturan y usan sus datos. Este artículo recorre lo que encontramos —el 79 % controlaba dimensiones en planillas de papel— y por qué ese diagnóstico terminó convirtiéndose en una especificación de software.

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Este artículo se basa en una publicación pública: Fernández, M.; Hernández, G.; Troncoso, L.; Elgueta, P. (2019). Brechas tecnológicas-productivas en la Pyme de aserrío de las regiones de Maule, Ñuble, Bio Bio, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. Instituto Forestal, Informe Técnico N.º 223, ISBN 978-956-318-160-9, DOI 10.52904/20.500.12220/29194. Lo que sigue es mi lectura de ese trabajo, siete años después y desde el lado del software.

Una industria grande hecha de empresas pequeñas

En 2018 operaban en Chile 984 aserraderos. Juntos produjeron 8,3 millones de metros cúbicos de madera aserrada y dieron empleo directo a 16.373 personas. Casi nueve de cada diez estaban en la macrozona que va del Maule a Los Lagos. Es la industria que alimenta a la construcción en madera, y en 2019 dos políticas públicas apostaban por ella: el programa Madera de Alto Valor de CORFO quería un 30 % más de casas con estructura de madera al 2025, y la Política Forestal proponía duplicarlas al 2035.

Para que eso ocurra, la madera tiene que salir del aserradero con dimensiones y humedad dentro de tolerancia. Y para saber si sale así, alguien tiene que medirla y anotar la medida. Ahí empezaba el problema que fuimos a medir.

Qué preguntamos y a quién

Entre el 11 de marzo y el 12 de julio de 2019 encuestamos a 68 aserraderos con producción entre 10.000 y 120.000 m³/año en seis regiones, sobre un universo de 95 plantas en ese rango: un error muestral del 6,2 % al 95 % de confianza. Hablamos con propietarios, administradores y jefes de producción, en planta. Coordiné el estudio —del cuestionario al análisis— y redacté el informe, que firmo junto a tres colegas del Área de Tecnología y Productos de la Madera de INFOR.

La encuesta tenía dos mitades. La primera, sobre máquinas: descortezado, clasificación de rollizos, máquina principal, canteado, empaquetado. La segunda, la que me interesaba más, sobre gestión: qué indicadores usaba cada planta en cada área —materias primas, aserradero, secado, cepillado, mantención, control de calidad, planificación— y, para cada uno, cómo se capturaba el dato: a mano, semiautomático o automático, y con qué software se procesaba.

Lo que encontramos

La parte de máquinas dio el retrato esperado de una industria madura: el 83 % de la producción salía de líneas con sierra huincha con carro o huinchas gemelas (twin) como máquina principal; el empaquetado y empalillado eran mayoritariamente manuales; el mantenimiento, en gran porcentaje, correctivo.

La parte de datos fue la que justificó el estudio:

  • Sólo el 38 % de los aserraderos tenía un área de control de calidad, y el 41 % hacía control dimensional en su proceso.
  • De los que lo hacían, el 79 % medía con un pie de metro digital, anotaba en una planilla de papel y después alguien digitaba los números en un computador. El 21 % había incorporado pies de metro con Bluetooth que enviaban la medida a una aplicación.
  • El 36 % llevaba control documentado de la humedad en el clasificado seco; el registro, otra vez, era manual y se digitalizaba después.
  • El 66 % tenía algún sistema de control de producción, pero la funcionalidad y la confiabilidad no cubrían lo que necesitaban: inventarios deficientes, trazabilidad difícil, información que no era en tiempo real, errores de digitación. La planificación se hacía, sobre todo, en hojas de cálculo.
  • La mayoría no tenía información sobre las detenciones de sus líneas, o la tenía en un formato que no servía para analizarla.

Y una cifra que me pareció la más importante: el 43 % declaró interés en incorporar tecnología para un control de calidad más eficiente; el 28 % quería automatizar la adquisición de datos y migrar a software web o de escritorio; el 25 % pedía explícitamente herramientas para monitorear pérdidas operativas. La demanda existía. Lo que no existía era una oferta al alcance de una pyme.

El dato que se pierde entre el pie de metro y el computador

Si se mira el flujo del 79 %, el problema no es de medición: el pie de metro digital mide bien. El problema está en los dos pasos siguientes. Anotar a mano introduce errores de transcripción y hace que la medición sea lenta, así que se mide menos. Digitar después introduce una segunda capa de errores y un retraso: cuando el dato llega a la planilla, la partida que se midió ya está empaquetada o en el secador. El control existe en el papel, pero no controla nada, porque llega tarde.

Visto desde el software, es un problema de adquisición de datos, no de análisis. Antes de pensar en tableros o en indicadores, había que cerrar la brecha entre el instrumento y el registro: que la medición llegara al registro sin pasar por el papel, con su contexto —lote, escuadría, operador, hora—, y que el análisis trabajara sobre datos limpios desde el origen.

Del diagnóstico a la especificación

Ese razonamiento venía de antes y se convirtió en una especificación. Primero, en 2017 y dentro de un proyecto conjunto INFOR–CETMA, en una planilla con macros que servía para probar con las plantas los cálculos —variación dimensional, tolerancias por escuadría, resumen por turno— y la lógica de qué se registra y qué se deriva. Después, en 2018, en el diseño de una aplicación móvil que recibe la medición del pie de metro por Bluetooth, le adjunta el contexto y la envía a una plataforma web donde se generan los informes. Esa especificación sirvió para formular un Proyecto de Difusión Tecnológica de CORFO que la Universidad de Concepción se adjudicó en 2019 y ejecutó desde 2020 junto a CORMA; para entonces yo había vuelto a INFOR y no participé en su ejecución. En INFOR, la misma especificación fue la base del módulo que se implementó con un desarrollador externo: coordiné su contratación y la etapa inicial, y la lógica de cálculo de la planilla se migró al sistema. Lo cuento en detalle en La planilla que se convirtió en sistema.

Hubo una decisión de ingeniería que conviene contar, porque es la que decide si una herramienta así llega o no a una pyme. Había en el mercado soluciones integradas con hardware propietario, técnicamente correctas y con un precio que las dejaba fuera del alcance del aserradero de 20.000 m³/año que habíamos encuestado. Optamos por pies de metro Bluetooth estándar, de conexión abierta y bajo costo, y por poner la inteligencia en el software en vez de en el instrumento. Es la misma elección que hoy haría con cualquier sistema de captura en planta: el hardware se compra en cualquier parte; lo que se diseña es el flujo del dato.

INFOR es titular de esa familia de aplicaciones para aserraderos pyme —control dimensional, humedad, detenciones, producción— y la mantiene hoy en controlmaderainfor.cl. No hablo por su evolución posterior ni por su código; sí puedo decir que el punto de partida fue el diagnóstico de este informe.

Lo que me llevé

Tres cosas que siguen vigentes en lo que hago ahora, que es otra industria y otro stack:

  • Medir la brecha antes de proponer la solución. Sin la encuesta, la respuesta obvia habría sido "un sistema de gestión". Con ella, la respuesta fue mucho más pequeña y mucho más útil: arreglar la captura.
  • El costo total decide la adopción. Una solución técnicamente mejor que nadie compra no mejora ningún indicador. Hardware abierto y barato, inteligencia en el software.
  • Un dato que llega tarde no es control. Es el mismo principio que hoy aplico a una ingesta ETL o a una cola de inferencia: la latencia entre el evento y el registro es parte del diseño, no un detalle.

Un apunte sobre el alcance del informe. En 2024, Gysling, Mejías y Herrera lo usaron en Forest Products Journal como fuente sobre las deficiencias tecnológicas de la pyme de aserrío. Es un uso correcto, con un matiz que el propio informe deja claro: la base de máquinas que encontramos era madura —descortezadores de anillo, huinchas con carro y twins en el 83 % de la producción—; la brecha no estaba en el fierro, sino en cómo se capturaba y usaba el dato.

Cita sugerida del informe: Fernández, M., Hernández, G., Troncoso, L. y Elgueta, P. (2019). Brechas tecnológicas-productivas en la Pyme de aserrío de las regiones de Maule, Ñuble, Bio Bio, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. Informe Técnico N.º 223. Instituto Forestal, Chile. 52 pp.

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